Ese suceder de imprevistos, desasosiegos, decepciones.
Ilusiones y des-ilusiones...
Hay que jugar, sí, pero no siempre se acaba ganando.
Esa es la primera regla de cualquier juego.
No puedo olvidar la lección que aprendí jugándome todas mis canicas cuando no levantaba más que dos palmos del suelo.
Y es que la montaña rusa de cada día se expande y contrae como un acordeón sin teclas y aquel trasto que ya no suena, sólo se deja oír con un deshinchar que parece un suspiro cansado.
En los días con viento siempre se pierde alguna partida...
martes, 11 de marzo de 2008
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