Consigues que el síndrome de Florencia sea algo completamente humano. Yo como Stendhal y tú como la Santa Croce.
Luego te sientas en las escaleras, la besas, le tocas el pelo.
"Había llegado a ese punto de emoción en el que se encuentran las sensaciones celestes dadas por las Bellas Artes y los sentimientos apasionados. Saliendo de Santa Croce, me latía el corazón, la vida estaba agotada en mí, andaba con miedo a caerme".
Mientras, en el bar, le pongo un azucarillo más al café.
jueves, 24 de febrero de 2011
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