"... De forma aislada no se podía sobrevivir en la abruptas e inclinadas islas Hébridas. Sólo en comunidad era posible sobrevivir en el límite de las paredes rocosas, en las que mediante cuerdas robaban los huevos de los nidos de las aves marinas para poder subsistir..."
Si algo me ha gustado de Escocia es un lugar que no he llegado a pisar: la isla de Santa Kilda.
Apenas he estado a setenta kilómetros de sus acantilados y sus olas rompiendo, pero sentí su presencia.
Es uno de esos lugares a los que me prometo volver.
Esta vez sólo estuve allí a través de una caracola, en la casa de Sylvia.
Cuando era pequeña me tapaba las orejas con las manos y escuchaba el mar, como si yo fuera la caracola. Escuchaba como rufaban las olas contra las rocas o como el agua ganaba espacio a la tierra mientras subía la marea.
Hacía tanto que no repetía ese gesto...en las Hébridas redescubrí cuánto me tranquilizaba.
Aquí más información sobre esta ópera que evoca a Santa Kilda.
viernes, 19 de octubre de 2007
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4 comentarios:
tiene q molar ser una caracola, verdad?
bss
No veas cuánto...puedes probar.
Eso es una ventaja.
bueno, este finde he sido una caracola (creo q lo necesitaba).
mi cuerpo tiene unos límites y, creo, ya los he conocido y me ha avisado muy seriamente...
bss y cuídate la afonía pequeña
actualizarás??
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