Todo lo práctico es un misterio para mí.
Hace un par de días cambié las llaves de mi llavero. En uno de los aros del mismo(soy un desastre y llevo mil cosas en el llavero) había un par de llaves que apenas he utilizado. De hecho, estoy a varios cientos de kilómetros de la puerta y a unos cuantos más de quien allí habitaba por aquel entonces. Es posible que siquiera ya sean las llaves de esa puerta y de esa casa.
Aquel día hacía sol y esa típica humedad de verano. Entré en una tienda a la que no había entrado nunca antes y le dije al tendero que quería unas llaves. Era un señor de mediana edad, con el pelo cano y manos fuertes que, sin decir nada, se fue a la trastienda con unas tenazas y vino con unas rosas y las llaves. Salí de la tienda, me dirigí a casa y abrí la puerta con las rosas en la otra mano. Me senté en el sofá, aspiré el olor de las rosas y me quedé dormida.
Ahora ya no me pasan ese tipo de cosas. El romanticismo está infravalorado. Bueno, ya no está de moda.
Todo lo práctico es un misterio para mí.
lunes, 9 de julio de 2007
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