miércoles, 20 de junio de 2007

22. Veintitrés.

Creo que este sábado va a ser de lo más surrealista que viva últimamente. Y que se prepare mi ropero que va a temblar, pero de miedito.
El sábado es día 23, 23 de junio, noche de San Juan. Lo cierto es que nunca he celebrado San Juan como marca la tradición.
Bien, qué le vamos a hacer.

Este sábado tengo boda, pero no una cualquiera.
Como mis íntimos no son personas normales no iré a la boda como cualquier persona al uso, no. Yo y varios más iremos con galas tradicionales e instrumentos pastoriles para dar la nota en la celebración.
Llegada la comida o cena o lo que carajos sea y que aún no sé, cambiaremos tal que superman/superwoman y apareceremos con vestiduras elegantes.
Pase el marisco, las carnes, toda la gula en lata.

La boda se celebra en un marco incomparable: un hotel situado en el Alto de Laredo desde el que se puede observar la bahía y la playa de cinco largos kilómetros. Ahí es donde bajaremos tras engullir todo lo engullible.

En la playa, ya de noche, se estará celebrando San Juan. Las galas elegantes habrán pasado a mejor vida para convertirse en túnicas sagradas con unos bonitos trajes de baño/bikini debajo para cubrir posibles deseos irresistibles de baño nocturno.
En la playa, como digo, se estarán celebrando ya las hogueras y unos extraños hombres estarán haciendo queimada rodeados de fuego...acompañaremos tañendo y tañendo.

Y luego, luego quemaremos la noche sin llegar a pensar en ello.




Ese es el plan. Creo que se cumplirá un 95%, sólo me fallan las túnicas.


El 23, ese número mágico.

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