Hace poco me di cuenta de algo.
Una noche al cambiarme de ropa para ir a dormir y quedarme desnuda lo sentí muy fuerte. La desnudez me ata a la tierra. La desnudez me ata a la tierra. Me da fuerza, me siento más viva. Más animal.
Sentía el frío en la piel y di un pequeño paseo por casa. Muy pequeñito porque todavía estaba empezando. Sólo fui hasta el baño. El suelo también estaba muy frío, claro.
La tierra. Ser térreo, ser animal, ser vivo, ser. Esa sensación de frío en la piel...En la desnudez es igual que cuando duermes en el suelo, sin sábanas ni edredones de por medio, sólo tú-mi cuerpo y el suelo.
Cuando más creces más te alejas del suelo. Cada vez te sientes en sillas más mullidas, sofás, sillones...cada vez más alto y cómodo.
Llega un momento en el que te parece ridículo sentarte en el suelo con las piernas cruzadas. Qué poca clase. Parece hasta de mala educación.
Hay que darse cuenta: no lo más lejano es lo mejor o más puro. Nuestro cielo está mucho más cerca y hay que saber tratarlo, encontrarlo y cuidarlo.
Procudaré cuidar a eso que me ata a esta tu-mi-tierra.
martes, 22 de mayo de 2007
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1 comentario:
nacemos desnudos y morimos así, aunque nos quieran amortajar después....
besos
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